Un empresario de sostiene que una menor carga fiscal permitiría subir los sueldos de su plantilla.
El propietario de una pyme asegura que el elevado coste de cotizaciones y tributos limita su capacidad para mejorar las retribuciones de los trabajadores.
Una persona que dirige una pequeña empresa ha expresado una queja frecuente entre muchos empresarios de tamaño medio: “Si pagara menos impuestos, mis trabajadores cobrarían mucho más”.
Su argumento no se centra en una rebaja genérica de la fiscalidad, sino en el elevado coste total que supone mantener a una persona en plantilla y en cómo ese coste condiciona las subidas salariales.
El coste real de contratar
Según explica, antes de que un trabajador vea su nómina la empresa debe asumir una serie de cargas que elevan de forma significativa el desembolso total.
Entre ellas destacan las cotizaciones a la Seguridad Social a cargo del empleador, que en 2026 se sitúan en torno al 30-31 % del salario bruto para contratos indefinidos del régimen general (contingencias comunes, desempleo, FOGASA, formación profesional, Mecanismo de Equidad Intergeneracional y la tarifa de accidentes de trabajo).
A eso se suman otros tributos y obligaciones que, según el propio empresario, hacen que en muchas pymes entre el 49 % y el 51 % de los beneficios brutos se destinen a cumplir con las distintas administraciones. “A veces parece que el empresario se queda con todo, pero antes de que un trabajador vea su nómina hay muchísimos costes que tiene que asumir la empresa”, afirma.
La diferencia entre querer subir el sueldo y poder hacerlo
Insiste en que no tiene ningún problema en que su plantilla gane más. Al contrario: “Quiero que estén bien pagados, pero la empresa tiene que poder asumirlo”. Pone un ejemplo concreto: si quiere subir 200 euros el salario de un empleado, el coste real para la empresa es bastante superior a esos 200 euros, porque sobre el incremento también se aplican las cotizaciones sociales.
“Si contratar a una persona me cuesta mucho más de lo que esa persona recibe en su nómina, algo estamos haciendo mal”, resume. En su opinión, esa diferencia entre el coste laboral total y el salario neto que llega al bolsillo del trabajador es uno de los principales obstáculos para mejorar las retribuciones.
Preferencia por reinvertir en la empresa
Cuando se le pregunta si prefiere pagar más impuestos o que el dinero se quede en el negocio, su respuesta es clara: “Yo prefiero que el dinero se quede en la empresa para poder contratar, invertir y pagar mejor a mis trabajadores antes que tener que destinarlo a cubrir una subida de costes”.
Su discurso se enmarca en un contexto en el que los costes laborales unitarios han seguido creciendo en España. Datos del INE correspondientes a 2026 sitúan el coste laboral medio por trabajador y mes en torno a los 3.388 euros, de los que una parte relevante corresponde a costes no salariales (principalmente cotizaciones empresariales).
Estudios de distintos centros de análisis cifran la carga fiscal y contributiva sobre el coste laboral total por encima del 50 % en el caso del trabajador medio.
Un debate recurrente
La intervención de este empresario refleja un debate habitual entre empresarios, sindicatos y administraciones: hasta qué punto la presión fiscal y contributiva sobre las empresas condiciona la capacidad de estas para mejorar los salarios.
Mientras unos defienden que una reducción de cargas permitiría trasladar más recursos a las nóminas y a la inversión, otros sostienen que el sistema de cotizaciones es la base que garantiza las pensiones y la protección social, y que cualquier rebaja debería ir acompañada de medidas alternativas de financiación.
En cualquier caso, el testimonio pone sobre la mesa una realidad cotidiana de muchas pymes: la distancia entre el coste total de un trabajador y el salario neto que este percibe, y la dificultad de trasladar mejoras retributivas cuando cada subida de sueldo lleva aparejado un incremento adicional de cotizaciones.
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